Después de muchos años donde sus juegos clásicos son un recuerdo por la dificultad más que por su real aporte a la consola donde salieron, Ninja Gaiden regresa. Hecho por los creadores de Blasphemous, Ninja Gaiden: Ragebound llega a revitalizar una franquicia que este año quiere pisar fuerte, pero la revitalización no va por el lado de crear algo nuevo, sino mostrar lo que hizo tan popular a esta franquicia en los años 80.
Es complicado hacer la comparación de juegos, tomando en cuenta que como dije anteriormente Ninja Gaiden es mundialmente conocido por, al menos en sus juegos 2D, ser uno de los juegos más difíciles e injustos. Pero Ninja Gaiden: Ragebound también tiene cosas que contar y las resumiré en esta reseña.

Dos clanes enemigos contra un mal mayor
La historia nos presenta a Kenji Mozu, aprendiz de Ryu Hayabusa, quien se encuentra en una situación límite: su maestro ha partido en una misión lejana y las fuerzas demoníacas comienzan a acechar el territorio. En ese contexto, Kenji debe unirse (de forma literal) con Kumori, una kunoichi del Clan de la Araña Negra, fusionando sus almas para sobrevivir. Así, el juego ofrece una premisa clásica de rivalidades forzadas a cooperar, generando esa expectativa en que un mal mayor provoca que dos bandos enemigos trabajen juntos.
El relato está lleno de homenajes a la época dorada del arcade: desde referencias visuales y de guion hasta sorpresas que emocionarán a quienes crecieron con los clásicos de finales de los 80 y principios de los 90. Veremos demonios, ninjas y militares en una trama en la cual tus decisiones cambiarán el rumbo de la historia en cierto punto. Los giros de trama son el mayor ejemplo de eso, pero son parte del encanto: es una narrativa que sabe cuándo tomarse en serio y cuándo abrazar la nostalgia con mucho estilo.

Jugabilidad precisa y desafiante
Ragebound va a la segura en su estructura, apostando por una jugabilidad directa pero pulida. Controlamos a Kenji, pero gracias a su vínculo con Kumori, se convierte en un personaje dual con habilidades tanto cuerpo a cuerpo como a distancia. Sus ataques cargados permiten eliminar obstáculos y enemigos con estilo, y se recargan al derrotar enemigos con un aura especial. Estas mecánicas se vuelven núcleo del combate, incentivando un ritmo fluido y agresivo.
Kumori también tendrá su participación directa, ya que tendremos que utilizarla desde otra dimensión paralela y abrir los caminos que Kenjí no puede.
Uno de los elementos más destacados es la posibilidad de realizar un ataque aéreo de impulso que permite rebotar sobre enemigos. Esto, además de útil, nos da acceso a items lejanos o nos da una salvaguarda en caso de que nos ataquen por el aire, recompensando a los jugadores más técnicos. El juego también incluye habilidades que modifican el estilo de juego: algunas aumentan el daño, otras curan o refuerzan la defensa. Estas opciones se pueden combinar con un ataque combinado especial, ideal para rematar jefes o escapar de situaciones límite. También están los items que nos complican la vida, por si quieres aumentarle la dificultad artificialmente.

En cuanto al diseño de niveles, sigue una fórmula conocida pero efectiva. Oleadas de enemigos, trampas, rutas ocultas y jefes exigentes. Aquí se premia la movilidad y el dominio del sistema de combate. También hay secciones/etapas con vehículos, fases especiales desbloqueables con pergaminos y desafíos que recuerdan al ADN noventero de la saga.
Tal vez el punto más flojo sea cierta repetición en la estructura: cuando aparece un enemigo poderoso, ya se sabe que pronto llegará uno con aura para activar el ataque cargado. Esa previsibilidad puede quitar algo de frescura, aunque también debido a la rapidez con la cual progresa la etapa, no es algo que se note a nos que estés hilando fino en defectos.

Progresión, secretos y personalización
Fuera de las misiones principales, el juego ofrece logros, coleccionables, ranking en etapas y recompensas por obtener cierto rango. Esto amplía la rejugabilidad y recompensa a los más dedicados con ítems y habilidades únicas.
El selector de habilidades no es excesivamente amplio, pero sí lo suficiente para adaptar tu estilo de juego. Hay poderes ofensivos, defensivos o más arriesgados. Algunos jugadores probablemente encontrarán una combinación óptima y se mantendrán con ella, dado que la gracia está en el gameplay más que en la variedad de builds.

Estilo visual y legado
Visualmente, Ragebound es una carta de amor al pixel art de alto detalle, con animaciones fluidas, efectos retro-modernizados y escenarios con mucha identidad. Desde aldeas niponas en ruinas hasta templos infestados o instalaciones militares, cada nivel tiene una alta atención al detalle y eso se agradece. No creerán la cantidad de cosas que salen en pantalla y tendremos que tener mucha atención al detalle para ver bien todo.

Se nota la mano de The Game Kitchen
Como fan de Blasphemous, tenia dudas sobre si The Game Kitchen podría adaptarse a un proyecto de tono tan distinto. Pero lo lograron con creces. La experiencia adquirida en animación, diseño de niveles y ambientación está presente en cada detalle, aunque aquí el ritmo sea más rápido y menos contemplativo.

Una banda sonora que respeta y se arriesga
La música, compuesta por Sergio de Prado, cumple una tarea difícil: rendir tributo a lo memorable de la saga original sin dejar de sonar como algo novedoso. Y lo logra. Hay temas nostálgicos, guiños reconocibles y nuevos temas que se sienten totalmente integrados en el universo de Ninja Gaiden. Acompaña perfectamente tanto la acción como los momentos más tensos.

No hay riesgo pero si gameplay
Ninja Gaiden: Ragebound no pretende reinventar la rueda, pero sí consigue darle un sitial renovado a una saga que se había ido al 3D. Combina jugabilidad pulida, ambientación poderosa y un respeto profundo por su legado. Kenji y Kumori protagonizan una aventura que muchos disfrutarán intensamente, ya sea por nostalgia o por amor a los buenos juegos en 2D. Es, sin duda, un regreso digno que se siente como una carta de amor retro con espíritu moderno. Pinta para clásico.
Lo bueno:
- Excelente ritmo de juego y control preciso
- Diseño de niveles variado y lleno de homenajes
- Sistema de combate profundo pero accesible
- Banda sonora que respeta y moderniza
Lo malo:
- Repetición estructural del sistema de enemigos con aura
- Las habilidades, aunque útiles, no invitan mucho a experimentar
Lo piola:
Ninja Gaiden: Ragebound no busca ser una reinvención, sino un homenaje que respeta su legado. Es ágil, técnico y desafiante. Y aunque no tiene la crueldad de las entregas clásicas, se siente como el tipo de juego que no te regala nada, pero sí te devuelve todo si estás dispuesto a dominarlo. Un título que de seguro será recordado.
Disponible en: PlayStation 5, PlayStation 4, PC (Microsoft Windows), Xbox Series X|S, Xbox One, Nintendo Switch






















