Después de cerrar el arco de Ichiban Kasuga en Infinite Wealth y de jugar con el legado de Kiryu en entregas anteriores, Ryu Ga Gotoku Studio continúa su épica y emocional telenovela con Like a Dragon: Pirate Yakuza in Hawaii. Y esta vez lo hace cruzando la línea hacia la sátira total, sin dejar atrás el ADN que define a la saga: drama criminal, minijuegos ridículos, y peleas callejeras con alma de RPG.
No es un spin-off menor ni un relleno entre entregas numeradas. Es, literalmente, una carta de amor al exceso. Piratas modernos, crimen japonés en el Pacífico, batallas navales y una visión distorsionada (pero interesante) de Hawái. Todo con la firma de uno de los estudios más incoherentes de la industria.
Yakuza en Hawái: cuando no entiendes nada pero estuvo bueno
La historia nos presenta a Goro Majima, en un giro inesperado tras los eventos de Yakuza 6, ahora al frente de una misteriosa organización internacional que opera desde Honolulu con una flota propia. Lo acompañan rostros conocidos y nuevos personajes que, como es habitual en la saga, logran venderte las situaciones más absurdas con una seriedad sorprendentemente creíble.

Lo interesante es que la narrativa se permite jugar aún más con el absurdo sin sacrificar estructura. Hay traiciones, giros dramáticos y momentos de tensión real, pero todo ocurre en un marco que no tiene miedo de mezclar luchas de espada samurái con carreras de motos de agua y karaoke en tiki bars.
No todo funciona igual de bien, y algunos momentos dramáticos se ven un poco opacados por el tono general de parodia, pero en términos de ritmo y variedad, la historia sabe exactamente lo que está haciendo y definitivamente no va a decepcionar a los más fanáticos.

El combate evoluciona
Luego de experimentar con sistemas por turnos en entregas recientes, Pirate Yakuza in Hawaii opta por un sistema híbrido. Es decir: mantiene la estrategia por comandos, pero con inputs activos para ataques, parrys, contraataques y hasta Quick Time Events improvisados según el arma o el contexto.
El resultado es un sistema más dinámico que en Like a Dragon, pero sin caer del todo en el real-time. Puedes cambiar de estilo en medio del combate (puños, katanas, armas improvisadas), y cada personaje tiene un set propio de técnicas absurdas que escalan rápidamente a niveles ridículos.

Lo mejor es que, como en entregas anteriores, el juego te obliga a usar distintos estilos si subes la dificultad. En Normal puedes sobrevivir con spam de ataques, pero en dificultades altas vas a necesitar entender bien las sinergias, usar ítems y preparar tu equipo.
Exploración, actividades y un mapa que transmite
Honolulu está diseñado como un mundo semiabierto más compacto, pero con muchísima densidad. Hay zonas playeras, barrios urbanos, un puerto industrial, selvas y templos perdidos. Cada zona tiene sus propias misiones secundarias, personajes únicos y, por supuesto, minijuegos completamente ridículos.
Entre los más destacados: “Aloha Royale”, una especie de battle royale de sombrillas; peleas de gallos con NFTs como apuestas; y un sistema de pesca submarina en primera persona.

El juego también permite explorar el mar en un pequeño barco, donde puedes combatir piratas ficticios en eventos aleatorios. Estas secciones no son profundas, pero sí divertidas y bien integradas con el tono del juego.
Sistema de progresión loco pero funcional
La personalización de personajes sigue la línea de los últimos Like a Dragon, pero aquí se añade el sistema “Espíritu Pirata”, donde cada personaje elige un “mantra” que define su estilo de combate y desbloquea habilidades.
Además, el juego introduce mejoras cosméticas que afectan estadísticas, como sombreros con estadísticas de suerte o tatuajes que mejoran el daño crítico según el clima.
Puede parecer un caos, pero todo tiene sentido dentro del tono del juego. Y aunque al principio abruma un poco, la progresión es clara y generosa.

Combate, forja y diseño como en los viejos tiempos
Pirate Yakuza in Hawaii es el ejemplo perfecto de cómo una saga puede reinventarse sin perder su núcleo. Es caótico, sí. Es absurdo, también. Pero debajo de todo eso hay sistemas sólidos, historias bien escritas y un equipo que claramente se está divirtiendo con cada idea loca que ejecuta.
No es la entrada ideal para nuevos jugadores, pero para quienes vienen siguiendo la serie, este juego es una locura completamente disfrutable, que renueva el alma de Yakuza sin necesidad de disfrazarse de otra cosa.
Lo bueno:
- Sistema de combate híbrido que funciona mejor que nunca
- Honolulu es un mapa compacto pero lleno de vida y secretos
- Muchísimos minijuegos y contenido opcional
- Sólida dirección de personajes y humor bien medido
Lo malo:
- Algunas misiones principales pierden impacto por el tono general
- El sistema de progresión puede saturar al principio
- No es ideal como primer Yakuza
Lo piola:
Es un juego donde peleas con katanas son tu short y tu toalla, haces karaoke vestido de pirata y lloras por la traición de un gallo con parche. Y lo peor es que todo funciona. Como un sueño tropical con combos, drama y sake.
Disponible en: PlayStation 5, PlayStation 4, PC (Microsoft Windows), Xbox Series X|S, Xbox One






















