Onion Games, conocidos porque varios de sus miembros formaron parte del desarrollo de Moon: Remix RPG Adventure y años más tarde se encargaron de portearlo a plataformas modernas, nos sorprenden con Stray Children, un título que llega como la secuela espiritual de aquel clásico y que mantiene la misma intención de autor: un juego que prioriza la emoción, la rareza y la reflexión por sobre las convenciones del género.
Y antes de emitir juicio alguno, diré algo claro: Stray Children es una experiencia. ¿Buena o mala? Veámoslo.
Nostalgia y emociones dentro de un videojuego
En Stray Children tomamos el papel de un protagonista silente que, al llegar al estudio donde su padre desarrolla videojuegos, es tragado por una televisión y transportado —curiosamente— al mundo de Moon. Pero las cosas han cambiado: tras un suceso catastrófico, el protagonista termina en otro mundo donde todos los adultos fueron transformados en monstruos, y su padre, en múltiples fragmentos.

A partir de ahí, nuestro héroe emprende un viaje junto a su tío, transformado en perro, para derrotar a los adultos corrompidos, reunir los fragmentos y restaurar un cartucho que podría devolverlo a la vida.
A primera vista parece una historia sencilla, pero detrás de esa fachada hay un nivel de simbolismo y melancolía digno de Onion Games. Viviremos situaciones absurdas, tristes o poéticamente raras: desde una prisión donde la inocencia se castiga hasta un mundo de espejos que refleja lo que el protagonista teme reconocer. Además, hay múltiples referencias a títulos creados por exintegrantes de Love-de-Lic, como Moon, Rule of Rose o incluso Chulip. Mi parte favorita por lejos del juego, es una sección de disparos en el cielo o la inolvidable y bizarra parte de tomar leche de vaca.

Derrotar o Liberar
Como buen RPG con mensaje, Stray Children construye su identidad sobre un sistema de combate tan simple como ingenioso. A primera vista recuerda a Undertale, pero en el fondo su estructura se acerca más a la filosofía de Shin Megami Tensei, con batallas que combinan acción, diálogo y elección moral.
Cada vez que enfrentamos a un enemigo, tenemos dos caminos: golpear o liberar. Los ataques físicos se realizan mediante una barra de tiempo activa, donde el daño depende de presionar justo en el punto correcto. Mejorar el equipo no solo sube las estadísticas, sino que amplía las veces que podemos repetir esa barra para multiplicar el daño.
Por otro lado está la opción de liberar a los adultos, que implica buscar su caparazón, analizarlo y descubrir cómo comunicarnos con ellos. A veces bastará con las palabras; otras, necesitaremos un objeto o una acción específica. Cada enemigo tiene su propio proceso, y lograr la liberación correcta rompe su ciclo de sufrimiento, eliminando los encuentros aleatorios con esa criatura.

Esta dualidad —dañar o redimir— no es solo un sistema mecánico: es el corazón del mensaje del juego. ¿Los adultos son enemigos… o víctimas? Esa pregunta te acompaña durante toda la aventura.
Además, los ataques enemigos son un espectáculo aparte: cada uno tiene su propio patrón que debemos esquivar en tiempo real, y cuando entran en furia, el juego se transforma literalmente en un festival de minijuegos. Algunos homenajean clásicos arcade como Frogger, y otros sorprenden con ideas completamente nuevas. No los revelaré, porque descubrirlos es parte de la magia.
También hay encuentros aleatorios especiales, donde en vez de pelear encontramos tiendas u otros personajes. Conseguir sus tarjetas de presentación es clave para mejorar equipo y objetos. Y entre tanto caos, aparecen secciones únicas donde nadamos por tuberías o pilotamos un pequeño submarino, dándole al juego un respiro y un toque experimental muy a lo Moon.
Todo esto nos da a pensar. ¿Y si tomamos una ruta pacifista y los liberamos a todos, cambiará el final? La respuesta te sorprenderá.
Majestuosidad retro
Visualmente, Stray Children es un homenaje a la era PlayStation, pero refinado con la sensibilidad moderna de Onion Games. Los escenarios varían desde cuevas, pueblos de ranas, jardines surrealistas y laboratorios pixelados, todos llenos de pequeños detalles que hacen sentir este mundo vivo y coherente.

Y si hablamos de música, es imposible no destacar la labor de Hirofumi Taniguchi y el equipo de sonido del estudio. La banda sonora continúa esa línea de “melancolía alegre” tan característica: temas suaves, ambientales, con toques de sintetizador y nostalgia, que encajan perfectamente con el tono emocional de cada momento. Es música que te acompaña sin abrumar, y que cuando termina, deja eco.
Un buen juego con un buen mensaje
Stray Children es un juego que recomiendo a ojos cerrados a quienes buscan una experiencia emocional, simbólica y distinta. Puede parecer un RPG más, pero en realidad es una carta abierta sobre la pérdida, la madurez y la empatía.
Los adultos convertidos en monstruos representan las heridas y frustraciones del mundo real, y nuestra misión no es solo vencerlos, sino recordarles quiénes fueron. En esa liberación, el juego logra uno de sus momentos más poderosos.
Si jugaste Moon, reconocerás muchas cosas y entenderás muchos momentos; si no, no importa: Stray Children se sostiene por sí solo como una obra introspectiva y única.
Lo bueno:
- Historia cargada de simbolismo y emoción.
- Sistema de combate con dos caminos: dañar o liberar.
- Visuales retro con una dirección artística brillante.
- Banda sonora melancólica y envolvente.
- Referencias y guiños a Moon, Rule of Rose y otros juegos de culto.
Lo malo:
- Algunos diálogos son demasiado crípticos.
- El ritmo puede sentirse irregular hacia la mitad del juego.
Lo piola:
Una experiencia íntima, extraña y profundamente humana, que confirma que Onion Games sigue siendo uno de los pocos estudios capaces de mezclar videojuego y poesía sin perder el corazón. Una de las mejores cosas que consiguió Undertale, es que Kimura se decidiera por seguir desarrollando videojuegos.
Disponible en: Nintendo Switch y PC.






















